El futuro no es un único sistema de identidad
A lo largo de esta serie, hemos analizado cómo está evolucionando la identidad digital en Norteamérica: desde procesos fragmentados de verificación de identidad hasta credenciales reutilizables, desde eventos de autenticación aislados hasta ecosistemas digitales de confianza. A lo largo de este recorrido, ha surgido un tema recurrente: el futuro de la identidad digital ya no se centra tanto en demostrar quién es una persona, sino más bien en crear formas fiables de intercambiar información entre organizaciones.
En nuestras entradas anteriores del blog analizamos dos avances fundamentales que están dando forma a ese futuro. En primer lugar, analizamos cómo los marcos de confianza proporcionan la gobernanza necesaria para que organizaciones independientes puedan confiar con seguridad en las credenciales digitales de las demás. A continuación, examinamos cómo los permisos de conducir móviles (mDL) representan la primera implementación a gran escala de esos conceptos, demostrando cómo las credenciales de confianza pueden emitirse, almacenarse, presentarse y verificarse de forma segura en el mundo real. En conjunto, estos avances apuntan hacia una transformación mucho mayor que apenas está empezando a tomar forma.
El futuro no vendrá determinado por un único monedero digital, un único proveedor de identidad dominante ni una credencial universal. Por el contrario, se basará en marcos de confianza interoperables que permitan a numerosos participantes —tanto del sector público como del privado— intercambiar información fiable de forma segura, coherente y a gran escala. En el caso de Norteamérica, es probable que este enfoque descentralizado se convierta en una ventaja competitiva más que en una limitación.
Los permisos de conducir móviles han demostrado ser un modelo eficaz
Gran parte del debate en torno a los permisos de conducir móviles se ha centrado, como es lógico, en la sustitución de un documento físico por uno digital. Sin embargo, la verdadera importancia de los permisos de conducir móviles va mucho más allá del propio permiso de conducir. Han demostrado que una organización de confianza puede expedir documentos de identidad válidos, que los usuarios pueden almacenar de forma segura y que otras organizaciones totalmente distintas pueden verificar, sin que sea necesario que todos los participantes operen dentro del mismo ecosistema propietario.
Esa capacidad, aparentemente sencilla, cambia el rumbo del debate. En lugar de preguntarse cómo digitalizar un carné de conducir, las organizaciones empiezan a plantearse qué otras credenciales fiables pueden seguir el mismo modelo. Las licencias profesionales, las credenciales de los empleados, los historiales sanitarios, los títulos académicos, los permisos, los certificados financieros y un sinfín de otras credenciales pueden aprovechar la misma arquitectura subyacente. La cartera pasa a ser menos importante que el ecosistema que permite que las credenciales fiables circulen de forma segura entre los participantes.
Quizás lo más importante es que los mDL han demostrado que la interoperabilidad es factible. Los organismos públicos, los proveedores de tecnología, las partes que confían en la identidad y las organizaciones de normalización desempeñan funciones distintas, pero el ecosistema funciona porque comparten especificaciones técnicas comunes y principios operativos acordados. Ese modelo se convertirá, casi con toda seguridad, en el referente para la próxima generación de ecosistemas de identidad digital.
La gobernanza es lo que convierte la tecnología en confianza
Como ya comentamos en el blog n.º 4, la tecnología por sí sola no genera confianza. La criptografía protege las credenciales. Las normas definen los formatos de datos. Los dispositivos protegen las claves privadas. Aunque cada una de estas capacidades es esencial, solo resuelven una parte del problema.
Las organizaciones también necesitan confiar en las normas que rigen el propio ecosistema. ¿Quién está autorizado a emitir credenciales? ¿Qué nivel de garantía de identidad representa cada credencial? ¿Cómo se suspenden o revocan las credenciales? ¿Quién asume la responsabilidad cuando se rompe la confianza? ¿Cómo se resuelven las disputas? Estas preguntas no pueden responderse únicamente mediante la tecnología. Requieren una gobernanza.
Precisamente por eso los marcos de confianza se están convirtiendo en un componente tan fundamental dentro de los ecosistemas de identidad digital. Establecen las políticas, las normas de funcionamiento, los modelos de garantía y las estructuras de rendición de cuentas que permiten a las organizaciones independientes confiar en las credenciales de las demás. Sin gobernanza, la interoperabilidad no es más que una posibilidad técnica. Con gobernanza, la interoperabilidad se convierte en una realidad operativa.
Un ecosistema creado gracias a la colaboración
Es poco probable que el panorama de la identidad en América del Norte se parezca a los modelos de identidad digital centralizados que están surgiendo en algunas partes de Europa o Asia. En cambio, seguirá evolucionando gracias a la colaboración entre organismos gubernamentales, instituciones financieras, proveedores de asistencia sanitaria, empresas de telecomunicaciones, plataformas tecnológicas, organismos de normalización y empresas. Cada participante aporta capacidades y responsabilidades únicas, y ninguno puede gestionar por sí solo la totalidad del ecosistema.
Este modelo colaborativo no es nuevo. El sector de los pagos lleva décadas creando redes interoperables en las que participantes independientes operan bajo normas comunes, una gobernanza compartida y una certificación independiente. La identidad digital está siguiendo ahora un camino muy similar. En lugar de sustituir a las instituciones existentes, los marcos de confianza les permiten trabajar conjuntamente, al tiempo que se preservan la competencia, la innovación y la libertad de elección de los consumidores.
La confianza debe ser validada de forma independiente
A medida que los ecosistemas se interconectan cada vez más, ya no se puede dar por sentada la interoperabilidad simplemente porque las organizaciones afirmen que cumplen con la misma norma. La experiencia en los sectores de los pagos, la ciberseguridad y otros sectores altamente regulados demuestra que las especificaciones técnicas solo alcanzan su pleno valor cuando están respaldadas por pruebas rigurosas, certificación y verificación independiente.
El mismo principio se aplica a la identidad digital. Los emisores necesitan tener la seguridad de que las credenciales que emiten serán interoperables en múltiples carteras y entornos de verificación. Las partes que confían en ellas necesitan tener la garantía de que las credenciales que se les presentan se ajustan a las especificaciones acordadas. Los consumidores esperan que las credenciales funcionen de forma coherente, independientemente de dónde se presenten. Las pruebas y la certificación independientes proporcionan la confianza necesaria para que la interoperabilidad pase de ser una aspiración a convertirse en algo en lo que las organizaciones puedan confiar en su entorno de producción.
Descubre más en nuestra serie de entradas del blog sobre identidad digital en Norteamérica:
Capítulo I: La realidad de la identidad en Norteamérica: fragmentada por diseño
Capítulo II:La brecha de interoperabilidad: dónde fallan los sistemas de identidad
Capítulo III:De los estándares a los sistemas: por qué la implementación es la parte difícil
Capítulo IV: La garantía en la práctica: ¿cómo se confía realmente en una identidad?
Capítulo V: Nuevas vías: carteras, credenciales y el futuro de la identidad impulsado por los dispositivos móviles