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La brecha de interoperabilidad: dónde fallan los sistemas de identidad

A diferencia de las regiones que aplican marcos centralizados de identidad nacional, América del Norte ha evolucionado gracias a una combinación de innovación del sector privado, iniciativas impulsadas por los estados, requisitos específicos de cada sector y estructuras normativas que se solapan.

por Howard Hall,

Vicepresidente de Crecimiento

28 de mayo de 2026

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En la primera entrada de esta serie, analizamos una realidad fundamental del mercado de la identidad en Norteamérica: la fragmentación no es una situación temporal, sino el entorno en el que operan las organizaciones.

A diferencia de las regiones que aplican marcos de identidad nacional centralizados, Norteamérica ha evolucionado gracias a una combinación de innovación del sector privado, iniciativas impulsadas por los estados, requisitos específicos de cada sector y estructuras reguladoras que se solapan. Las entidades financieras, los operadores de redes móviles, los proveedores de asistencia sanitaria, los organismos públicos y las plataformas digitales han desarrollado, cada uno por su cuenta, capacidades de identidad adaptadas a sus propios modelos de riesgo y necesidades empresariales.

El resultado no es un ecosistema unificado, sino un conjunto de sistemas de identidad que funcionan de forma independiente.

Interoperabilidad: el próximo reto fundamental

Esta fragmentación conduce directamente al siguiente gran reto al que se enfrenta el mercado: la interoperabilidad.

La cuestión ya no es si las organizaciones pueden establecer la identidad. La mayoría de las grandes empresas ya pueden hacerlo. El problema es que la identidad rara vez se transfiere sin problemas entre canales, instituciones o ecosistemas. En muchos casos, la confianza se detiene en los límites de la organización.

Esto genera fricciones en cada etapa del recorrido del usuario.

Los consumidores se ven obligados a verificar su identidad en diferentes servicios, dispositivos y recorridos. Las empresas asumen el coste de los procesos de registro duplicados, las autenticaciones repetidas, la exposición al fraude y las experiencias de cliente fragmentadas. Incluso cuando existen señales de identidad sólidas, rara vez son reutilizables de forma fiable y coherente.

En la práctica, a los usuarios se les sigue pidiendo que demuestren su identidad una y otra vez.

Un consumidor puede verificar su identidad ante un banco mediante documentos oficiales, verificación biométrica, inteligencia de dispositivos y señales de telecomunicaciones. Sin embargo, al interactuar con otra entidad financiera, un proveedor de asistencia sanitaria o un servicio público, el proceso suele empezar desde cero. El problema subyacente no es necesariamente la falta de portabilidad de los datos. Cada vez más, los sistemas son capaces de intercambiar datos. 

El reto es la portabilidad de la confianza. Esa distinción es fundamental.

La portabilidad de los datos no es lo mismo que la portabilidad de la confianza

Hay una distinción clave que subyace a este reto. La portabilidad de los datos se refiere a la capacidad de trasladar información de un sistema a otro. La portabilidad de la confianza, en cambio, significa que una organización puede confiar plenamente en una declaración de identidad, una credencial o un evento de autenticación sin tener que reconstruir por sí misma todo el proceso de verificación.

Son problemas fundamentalmente distintos.

América del Norte ha logrado avances significativos en el intercambio de datos gracias a iniciativas de banca abierta, marcos de API y enfoques de integración basados en estándares. Sin embargo, facilitar la portabilidad de la confianza requiere mucho más que simplemente transferir datos. Requiere confianza en cómo se ha verificado la identidad, cómo se gestionan las credenciales, cómo se lleva a cabo la autenticación y cómo se definen y miden los niveles de garantía.

Es aquí donde la interoperabilidad suele fallar.

Los modelos de garantía difieren de una organización a otra. Las políticas de autenticación varían según el sector. La tolerancia al riesgo depende del caso de uso. Las obligaciones normativas no siempre están armonizadas. Incluso la terminología suele interpretarse de forma diferente según el sector.

Como consecuencia, la interoperabilidad sigue siendo difícil de lograr, incluso cuando se dispone de conectividad técnica.

Donde la fricción se hace visible

Estos retos se hacen más evidentes en el recorrido real del usuario. 

Un cliente puede abrir una cuenta por Internet, pero es posible que tenga que acudir a una sucursal porque la verificación de identidad no se puede reutilizar en todos los canales. Un usuario se autentica correctamente a través de una aplicación móvil, pero se encuentra con obstáculos adicionales durante una transacción de alto riesgo porque los sistemas posteriores no confían en el evento de autenticación original. Una credencial sanitaria verificada no puede facilitar fácilmente la incorporación a servicios financieros o de seguros relacionados, ya que los modelos de garantía están desconectados entre sí.

La fricción no es un fenómeno aislado. Se acumula en todos los ecosistemas.

Superar los compartimentos estancos de identidad

Este reto cobra aún más importancia a medida que la identidad digital va más allá del proceso de registro inicial y evoluciona hacia modelos de confianza continuos. Cada vez más, las organizaciones necesitan evaluar no solo quién es un usuario, sino también si se debe confiar en una acción concreta en tiempo real, independientemente del dispositivo, el canal o el entorno.

Para ello se necesitan marcos de confianza interoperables, y no silos de identidad aislados.

Las normas por sí solas no bastan

Los organismos de normalización, como la Alianza FIDO, el Consorcio World Wide Web y la Organización Internacional de Normalización, han sentado bases importantes en materia de autenticación, credenciales verificables, confianza en los dispositivos y arquitectura de identidad. Estos marcos son importantes porque crean modelos técnicos comunes que permiten una mayor interoperabilidad con el paso del tiempo.

Sin embargo, las normas por sí solas no generan una confianza interoperable.

El mercado ha demostrado en repetidas ocasiones que la publicación de especificaciones es solo el principio. La verdadera interoperabilidad depende de la coherencia en la implementación, las pruebas, la certificación, la gobernanza y la coordinación operativa entre los distintos ecosistemas. Es en este punto donde muchas iniciativas encuentran dificultades.

Las organizaciones suelen interpretar las normas de forma diferente. Los enfoques de integración varían. Los requisitos de certificación pueden ser incoherentes o incompletos. Incluso los marcos bien diseñados pueden no garantizar la interoperabilidad si las implementaciones difieren en la práctica.

Aquí es donde Fime y Consult Hyperion desempeñan un papel fundamental. Al trabajar en la intersección entre los estándares y la implementación, ayudan a convertir las especificaciones técnicas en soluciones probadas, certificadas e interoperables en las que las organizaciones pueden confiar en entornos reales.

Esa distinción cobra cada vez más importancia a medida que América del Norte avanza hacia marcos de confianza digital más amplios.

Creación de la capa de confianza

Es poco probable que el futuro de la identidad digital en la región se materialice a través de un único sistema de identidad universal. Lo más realista es que evolucione a través de capas de confianza interoperables que permitan que las credenciales, los eventos de autenticación y las afirmaciones de identidad funcionen de forma fiable en ecosistemas fragmentados.

Las organizaciones que tengan éxito no serán necesariamente aquellas que controlen la identidad. Serán aquellas que permitan que la confianza circule entre los sistemas de forma coherente, segura y a gran escala.

Ese es el verdadero reto en materia de interoperabilidad al que se enfrenta actualmente el mercado.


Descubre más en nuestra serie de entradas del blog sobre identidad digital en Norteamérica:
Capítulo ILa realidad de la identidad en Norteamérica: fragmentada por diseño
Capítulo III:De los estándares a los sistemas: por qué la implementación es la parte difícil
Capítulo IV: La garantía en la práctica: ¿cómo se confía realmente en una identidad?
Capítulo V: Nuevas vías: carteras, credenciales y el futuro de la identidad impulsado por los dispositivos móviles
Capítulo VI: Generar confianza práctica: los marcos que definirán la identidad digital en Norteamérica

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